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Entradas

El último cuento

    A los topos mexicanos, con toda la gratitud   Es muy probable que este sea el último cuento que escriba. Y, como muchos otros, tal vez nadie lo lea. Es también una crónica, un testimonio personal. De modo que, como soy el escritor y el lector al mismo tiempo, he cumplido el objetivo. Puede ser, incluso, una terapia para tratar de embolatar el tiempo durante el que permanezco cautivo entre las paredes húmedas de lo que fue un baño, algunas de cuyas baldosas se han desprendido y forman montículos que con los pies descalzos he ido empujando de a poco, en realidad no estoy seguro de en cuánto tiempo ni hasta dónde, pues el espacio es bastante reducido. Apenas quepo yo. Los he corrido para poder estirar las piernas, los brazos, mover el cuello. No me puedo poner de pie, a duras penas me muevo en cuclillas. Pero algo es algo. El primer día, además de las baldosas, cayó una buena cantidad de agua en lo que era el espacio de la ducha. Con una toalla y baldosas despren...
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Quijotadas. Entre la magia y el realismo

Le doy la bienvenida a Anairda Castor, la lectora y escritora colombiana, con quien visité Ciénaga y Aracataca, en la búsqueda de la magia de García Márquez. Por Anairda Castor Estaba ahí, esperándonos, imponente, con sus ocho columnas y blanca altura románica, en su plaza, la Plaza del Templete, en Ciénaga. Iluminado por el sol que se ponía en su pináculo, nos atrajo con fuerza hasta su centro. Fue ahí, en ese punto, donde descubrimos los ocho ejes, de cada uno de los cuales se desprendía una calle hacia el pueblo. En el eje principal se erguía la iglesia con su hermosa cúpula que rasca el cielo, y a la izquierda, la casa de la municipalidad. El resto de sus ejes diagonales se internaban entre las casas y construcciones de donde iban saliendo sus habitantes para dar vida y llenar de música a la plaza, en esa tarde de sábado. Una de esas diagonales nos mostró la ruta hacia nuestro destino: Aracataca, en busca de todo aquello que engendró a tantos personajes literarios en la mente...

Quijotadas. Las conmovedoras vidas literarias de Celeste y Délia

  Esta es la tercera reseña que hago en un mes sobre novelas escritas por mujeres. Me honra hacerlo. La primera fue Las ermitañas del mar, de la colombiana Alejandra Jaramillo Morales, seguida de El invencible verano de Liliana , de la mexicana Cristina Rivera Garza. Ahora, deslumbrado todavía por la fuerza de la historia y de la narrativa, escribo sobre Celeste , de la brasileña Maria Benedita Bormann, quien era también conocida como Délia . La novela que acabo de leer, en formato digital, es la primera traducción al español de Celeste , por parte de Juan Camilo Perdomo, en el marco del Proyecto ganador de la Beca para Proyectos Editoriales Independientes, Emergentes y Comunitarios 2025, por el Programa Distrital de Estímulos (PDE) del Instituto Distrital de las Artes – Idartes. Desde la presentación del trabajo de traer al español lo que fue concebido y escrito en portugués decimonónico, quise leer la novela de esta autora, prácticamente desconocida en el país. El lenguaje, a...

Quijotadas. El invencible verano de Liliana

  “En lo más profundo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano”. Albert Camus   Cuando en 1982 empecé a escribir la novela Crimen no misterioso , Liliana Rivera Garza tenía apenas doce años de edad. Iba a estudiar, nadaba en albercas mexicanas, tenía todos los sueños del mundo por delante. Mi novela está basada en el feminicidio de una estilista pereirana de nombre Yolanda, vecina mía en Cali, a manos de su novio, un tipo que lo único que tenía en su vida era la fuerza bruta y un revólver Smith & Wesson Magnum. Durante todo este tiempo dilaté la escritura, y en esa dilación surgieron cuatro novelas. Pero este año resolví retomar la historia de Yolanda, que enriquecí con una visita al edificio de cuatro pisos donde ocurrió el crimen, en el barrio San Fernando. A mediados de este año, llegó a mis manos la novela El invencible verano de Liliana , escrita por Cristina Rivera Garza, treinta años después del asesinato de su hermana, estudiante...

Quijotadas. Los pensamientos míos propios

  “Siento la humedad serena de sus lágrimas caer por la cara de mi ama que ya no es”. Esa contundente frase pudo haber sido pensada y dicha por Jonatás, así, sin apellido, la esclava que dejó de serlo y obligada se unió a la gesta independentista de este territorio que hoy ocupan seis países: Colombia, Bolivia, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela. La frase en realidad fue escrita por la novelista Alejandra Jaramillo Morales, quien asesorada por un montón de gente reconstruye en ciento noventa y dos páginas las vidas de la patriota americana Manuela S áenz, y de Jonatás, que cuando era niña fue comprada a mitad de precio en un mercado negrero de Quito por Simón Sáenz, el padre de Manuela, para que le sirviera en todo, para eso eran las esclavas. La vida da muchas vueltas y Jonatás resultó convertida en amiga de Manuelita, en espía de los criollos durante la guerra por la Independencia de este continente, en celestina de su ama, en cuidadora de quien la necesitara, en actriz vestida...

Quijotadas. Emilia no quiere irse de El Buen Pastor

Era una puerta gris. Sin barrotes. No se veía nada hacia adentro e imaginé que desde allá debía ser igual el exterior. Esposada, miré por una rendija del camión en el que me llevaron. Sentí que caminaba por los aires. No me di cuenta siquiera de cuando me reseñaron, me untaron los dedos con tinta y luego los pusieron, como un sello, sobre un papel lleno de cuadritos. Así es con todas. Solo que cada una siente distinto. Una vez, una presa llegó cantando el Himno Nacional. Traía una boina tejida en lana, terciada al lado izquierdo. Miraba con dignidad espiritual, según me dijo luego. Supe que se llamaba Marta Sánchez, una guerrillera que había sido capturada en Nariño con otros combatientes. Hoy trabaja en televisión, yo la he visto en un programa que habla del amor. Formó parte del comité de recepción a las otras políticas que iban llegando, por allá en el 82. Hacían un corredor, como los de los matrimonios para que pasen los novios. Por ese corredor entró Roselia Marulanda, con la ...

Quijotadas. El circo: que siga la función

Las graderías van siendo ocupadas por personas que sonríen como si las comisuras alargadas de la boca formaran parte de la puesta en escena. Los adultos lo hacen cuando recuerdan la primera vez que fueron llevados a un circo y los niños porque se han contagiado con las historias plenas de magia que les han contado.  Hay quienes llevan en sus manos cajas incapaces de contener todas las crispetas que se riegan por el suelo y esparcen su aroma bajo la carpa. Niños y niñas se antojan de exhibir ringletes luminosos. Otros seguramente comprarán narices rojas para imitar a los payasos. Aunque en este circo los payasos no llevan esas narices, seguro porque dificultan el paso del aire para llenar los pulmones y proyectar hasta las graderías las voces que función tras función repiten los chistes como si fuera la primera vez que los dicen. Supongo que improvisan, claro.  Una función cada noche, entre semana. Dos funciones, una vespertina y otra nocturna, los sábados, domingos y festivo...