Las graderías van siendo ocupadas por personas que sonríen como si las comisuras alargadas de la boca formaran parte de la puesta en escena. Los adultos lo hacen cuando recuerdan la primera vez que fueron llevados a un circo y los niños porque se han contagiado con las historias plenas de magia que les han contado. Hay quienes llevan en sus manos cajas incapaces de contener todas las crispetas que se riegan por el suelo y esparcen su aroma bajo la carpa. Niños y niñas se antojan de exhibir ringletes luminosos. Otros seguramente comprarán narices rojas para imitar a los payasos. Aunque en este circo los payasos no llevan esas narices, seguro porque dificultan el paso del aire para llenar los pulmones y proyectar hasta las graderías las voces que función tras función repiten los chistes como si fuera la primera vez que los dicen. Supongo que improvisan, claro. Una función cada noche, entre semana. Dos funciones, una vespertina y otra nocturna, los sábados, domingos y festivos, que e...
“Una buena periodista no pierde de vista que toda información tiene dos caras”, dice Óscar Godoy Barbosa en la página 53 de su novela La última versión. No es una afirmación sino un cuestionamiento, pues el autor es periodista y en el texto consulta todas las versiones, todas las fuentes e, incluso, les da voz a todas. Siempre he creído que eso de la objetividad es la primera mentira de la profesión, pues un periodista humano siente y no puede negarse a hacerlo. Por ejemplo, frente a un triunfo deportivo, frente a una medida autoritaria de un gobierno, frente a una obra de arte que le llega al alma, frente a una violación de los derechos humanos… Y sobre una violación de los derechos humanos, en este caso un secuestro, Óscar Godoy Barbosa escribe La última versión , novela en la que combina su propia experiencia de currinche, esto es, de aprendiz de periodista y aprendiz de escritor. Con cinco novelas anteriores, y como profesor de literatura, cualquiera podría afirmar que es ya...