“En lo más profundo del invierno aprendí al fin que había en mí un invencible verano”. Albert Camus Cuando en 1982 empecé a escribir la novela Crimen no misterioso , Liliana Rivera Garza tenía apenas doce años de edad. Iba a estudiar, nadaba en albercas mexicanas, tenía todos los sueños del mundo por delante. Mi novela está basada en el feminicidio de una estilista pereirana de nombre Yolanda, vecina mía en Cali, a manos de su novio, un tipo que lo único que tenía en su vida era la fuerza bruta y un revólver Smith & Wesson Magnum. Durante todo este tiempo dilaté la escritura, y en esa dilación surgieron cuatro novelas. Pero este año resolví retomar la historia de Yolanda, que enriquecí con una visita al edificio de cuatro pisos donde ocurrió el crimen, en el barrio San Fernando. A mediados de este año, llegó a mis manos la novela El invencible verano de Liliana , escrita por Cristina Rivera Garza, treinta años después del asesinato de su hermana, estudiante...
“Siento la humedad serena de sus lágrimas caer por la cara de mi ama que ya no es”. Esa contundente frase pudo haber sido pensada y dicha por Jonatás, así, sin apellido, la esclava que dejó de serlo y obligada se unió a la gesta independentista de este territorio que hoy ocupan seis países: Colombia, Bolivia, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela. La frase en realidad fue escrita por la novelista Alejandra Jaramillo Morales, quien asesorada por un montón de gente reconstruye en ciento noventa y dos páginas las vidas de la patriota americana Manuela S áenz, y de Jonatás, que cuando era niña fue comprada a mitad de precio en un mercado negrero de Quito por Simón Sáenz, el padre de Manuela, para que le sirviera en todo, para eso eran las esclavas. La vida da muchas vueltas y Jonatás resultó convertida en amiga de Manuelita, en espía de los criollos durante la guerra por la Independencia de este continente, en celestina de su ama, en cuidadora de quien la necesitara, en actriz vestida...