“Siento la humedad serena de sus lágrimas caer por la cara de mi ama que ya no es”. Esa contundente frase pudo haber sido pensada y dicha por Jonatás, así, sin apellido, la esclava que dejó de serlo y obligada se unió a la gesta independentista de este territorio que hoy ocupan seis países: Colombia, Bolivia, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela. La frase en realidad fue escrita por la novelista Alejandra Jaramillo Morales, quien asesorada por un montón de gente reconstruye en ciento noventa y dos páginas las vidas de la patriota americana Manuela S áenz, y de Jonatás, que cuando era niña fue comprada a mitad de precio en un mercado negrero de Quito por Simón Sáenz, el padre de Manuela, para que le sirviera en todo, para eso eran las esclavas. La vida da muchas vueltas y Jonatás resultó convertida en amiga de Manuelita, en espía de los criollos durante la guerra por la Independencia de este continente, en celestina de su ama, en cuidadora de quien la necesitara, en actriz vestida...
Era una puerta gris. Sin barrotes. No se veía nada hacia adentro e imaginé que desde allá debía ser igual el exterior. Esposada, miré por una rendija del camión en el que me llevaron. Sentí que caminaba por los aires. No me di cuenta siquiera de cuando me reseñaron, me untaron los dedos con tinta y luego los pusieron, como un sello, sobre un papel lleno de cuadritos. Así es con todas. Solo que cada una siente distinto. Una vez, una presa llegó cantando el Himno Nacional. Traía una boina tejida en lana, terciada al lado izquierdo. Miraba con dignidad espiritual, según me dijo luego. Supe que se llamaba Marta Sánchez, una guerrillera que había sido capturada en Nariño con otros combatientes. Hoy trabaja en televisión, yo la he visto en un programa que habla del amor. Formó parte del comité de recepción a las otras políticas que iban llegando, por allá en el 82. Hacían un corredor, como los de los matrimonios para que pasen los novios. Por ese corredor entró Roselia Marulanda, con la ...