“Una buena periodista no pierde de vista que toda información tiene dos caras”, dice Óscar Godoy Barbosa en la página 53 de su novela La última versión. No es una afirmación sino un cuestionamiento, pues el autor es periodista y en el texto consulta todas las versiones, todas las fuentes e, incluso, les da voz a todas. Siempre he creído que eso de la objetividad es la primera mentira de la profesión, pues un periodista humano siente y no puede negarse a hacerlo. Por ejemplo, frente a un triunfo deportivo, frente a una medida autoritaria de un gobierno, frente a una obra de arte que le llega al alma, frente a una violación de los derechos humanos… Y sobre una violación de los derechos humanos, en este caso un secuestro, Óscar Godoy Barbosa escribe La última versión , novela en la que combina su propia experiencia de currinche, esto es, de aprendiz de periodista y aprendiz de escritor. Con cinco novelas anteriores, y como profesor de literatura, cualquiera podría afirmar que es ya...
A Felipe Sandoval Correa Hace frío. Mucho. Enciendo la chimenea que había permanecido apagada durante los dos últimos meses. Leña hay de sobra, recuperada de la estructura de un viejo escritorio de cajones rayados y oloroso a memoria vegetal, destrozado a martillazos, como si se tratara de una demolición con una almádena. Hay trozos de varios tamaños, que nutren las llamas tímidas. Chisporrotean y truenan. Las lenguas de fuego cabalgan. El humo se compacta en el buitrón y asciende tras aceptar feliz la invitación que le hace el domo del espacio sin nubes, adornado por la misma luna que hace cuatrocientos años iluminó la senda de un hombre algo mayor y delgado hasta el cansancio, y de otro más joven e iletrado que no paraba de plantear maravillosas y sabias disertaciones sobre lo divino y lo humano. Pese a su nula experiencia en asuntos de lo que hoy llaman administración pública, estoy seguro de que habría sido un excelente gobernador de una isla. Volvamos a esta noch...