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Quijotadas. La última versión, de Óscar Godoy Barbosa

  “Una buena periodista no pierde de vista que toda información tiene dos caras”, dice Óscar Godoy Barbosa en la página 53 de su novela La última versión. No es una afirmación sino un cuestionamiento, pues el autor es periodista y en el texto consulta todas las versiones, todas las fuentes e, incluso, les da voz a todas. Siempre he creído que eso de la objetividad es la primera mentira de la profesión, pues un periodista humano siente y no puede negarse a hacerlo. Por ejemplo, frente a un triunfo deportivo, frente a una medida autoritaria de un gobierno, frente a una obra de arte que le llega al alma, frente a una violación de los derechos humanos… Y sobre una violación de los derechos humanos, en este caso un secuestro, Óscar Godoy Barbosa escribe La última versión , novela en la que combina su propia experiencia de currinche, esto es, de aprendiz de periodista y aprendiz de escritor. Con cinco novelas anteriores, y como profesor de literatura, cualquiera podría afirmar que es ya...
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Quijotadas. Fuegos

  A Felipe Sandoval Correa  Hace frío. Mucho. Enciendo la chimenea que había permanecido apagada durante los dos últimos meses. Leña hay de sobra, recuperada de la estructura de un viejo escritorio de cajones rayados y oloroso a memoria vegetal, destrozado a martillazos, como si se tratara de una demolición con una almádena. Hay trozos de varios tamaños, que nutren las llamas tímidas. Chisporrotean y truenan. Las lenguas de fuego cabalgan. El humo se compacta en el buitrón y asciende tras aceptar feliz la invitación que le hace el domo del espacio sin nubes, adornado por la misma luna que hace cuatrocientos años iluminó la senda de un hombre algo mayor y delgado hasta el cansancio, y de otro más joven e iletrado que no paraba de plantear maravillosas y sabias disertaciones sobre lo divino y lo humano. Pese a su nula experiencia en asuntos de lo que hoy llaman administración pública, estoy seguro de que habría sido un excelente gobernador de una isla. Volvamos a esta noch...

El universo de la creación literaria

  Tomo prestado el título de estas líneas, del libro de un amigo. Rysard Kapuściński decía que para ser periodista hay que ser buena persona. Estoy seguro de que esto aplica también para quienes queremos jugar en serio a ser creadores literarios. Son muchos los ejemplos de quienes han continuado su camino con la palabra y con la humanidad. La palabra que registra la realidad y la palabra que la recrea. Se me vienen rapidito a la memoria el mismo Kapuściński, Gabriel García Márquez, Marguerite Duras, Ernest Hemingway, Svetlana Alexievich, Albert Camus, José Saramago, Laura Restrepo. La lista es muy larga. Menciono esto porque con timidez yo empecé mi diálogo con las palabras en el periodismo y también lo hice al escribir hermosos poemas infantiles dedicados a la mamá, que con florecitas coloreadas en tarjetas en cartulina le entregaba a la más orgullosa en el Día de la Madre. La verdad es que todas son las más orgullosas y cada hijo, edípico. Que vengan Freud, Jung y Laca...

En Argentina. Taty Almeida: “Las locas seguimos de pie”

  Nunca se supo qué le pasó a Nohora Jordán de Elián, una madre de dos hijos que, al empezar la tarde de un caluroso día en el sur de Cali, Colombia, fue secuestrada con una amiga, por allá en el año 1984. Hace poco se conoció qué le pasó a Nydia Érica Bautista, secuestrada el 30 de agosto de 1987 en Bogotá. Militante del M-19, fue detenida, torturada y asesinada por uniformados del Ejército. Sus restos fueron recuperados mucho tiempo después y este año de 2026 su crimen fue catalogado como de lesa humanidad, esto es, que atenta contra la humanidad entera. Según la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), a fines del año pasado la cifra de detenidos-desaparecidos en Colombia era de 132.877, en una lista que encabeza Omaira Montoya Henao, detenida por la Policía en Barranquilla el 9 de septiembre de 1977. La desaparición forzada ha sido una brutal estrategia de guerra, generalizada en los países de la América total. No se sabe cuántas mujeres, hombres, n...

Quijotadas. Colores de supervivencia

Comparto dos cuentos - Dioses y La diosa de San Agustín - que forman parte del libro Colores de supervivencia , que eLibros editorial acaba de publicar en edición electrónica. Dioses Habían surgido de la lejana línea redondeada del horizonte. Eran tres naves gigantescas, como nunca habíamos visto ni presentido siquiera. La más grande, si acaso pudiera existir alguna, venía adelante. De ella se desprendieron canoas, como las nuestras, pero en su interior venían ellos. Los dejamos acercarse, los dejamos pisar la arena blanda, húmeda. Sí, debían ser ellos. Teníamos que acicalarnos para recibirlos, habíamos esperado demasiado el momento de su llegada. Transcurrió una luna, antes de acercarnos. Parecieron sorprenderse, de seguro estábamos dándoles una mala impresión, pues mientras nosotros lucíamos con orgullo los cuerpos que nos había dado la naturaleza, pesadas telas y gruesas corazas, como para la guerra, cubrían los suyos. También tenían cuerpos. El sol, que seguía caminando sobre s...
  Durante la tregua entre el M-19 y el Gobierno en agosto de 1984, el periodista, poeta y abogado Álvaro Burgos Palacios entrevistó a Carlos Pizarro Leongómez, tercer comandante del grupo guerrillero que se había acantonado en un paraje del norte caucano para, desde allí, lanzar sus propuestas de paz. En la entrevista, Pizarro contó un poco de su vida y reveló sus sueños, dentro de los que estaba morir tranquilo frente al mar Caribe, rodeado de sus mujeres: Margoth, la mamá; Laura, la compañera, y María José y María del Mar, las hijas. Jorge Arturo Sanclemente, subdirector del periódico El País , de Cali, argumentó que la entrevista/crónica era apologética e impidió su publicación. De primera mano leí el original y confirmé que de propagandística no tenía nada. Nada. Era humana. Y lo humano es lo más político que hay. Por eso la censura. Unos años después, cuando pude regresar a Cali y me encontré con Álvaro Burgos en su apartamento al pie del Cerro de las Tres cruces, le pregu...

Quijotadas. Tener hijos en Palestina

6 de enero, Día Mundial de los Huérfanos de la guerra  “Bienvenido, Habibi querido”, dijo el padre, por cuyas mejillas empolvadas se deslizaron lágrimas. Con delicadeza puso el cuerpecito del bebé en el pecho de la madre adolorida, quien también lloraba de alegría optimista. De una bolsita sellada que por si acaso le habían dado días antes en el hospital Al Aqsa de Deir Al-Balah, en el centro de Gaza, extrajo unas tijeras con las que cortó el cordón umbilical y con un tira de algodón limpió la herida del niño que no necesitó la palmadita en las nalgas, porque a doscientos metros explotó una bomba que lo asustó y lo obligó a reaccionar y respirar el aire enrarecido por el olor a pólvora.  Esa fue su llegada al mundo. El niño no sabía que había un genocidio del que sus padres todavía sobrevivían. Sin embargo, ya había memoria en su cerebrito, pues durante ocho meses y a través de la piel del vientre materno había escuchado muchas e incontables explosiones, gritos de auxilio, sir...