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Quijotadas. Las conmovedoras vidas literarias de Celeste y Délia

 


Esta es la tercera reseña que hago en un mes sobre novelas escritas por mujeres. Me honra hacerlo. La primera fue Las ermitañas del mar, de la colombiana Alejandra Jaramillo Morales, seguida de El invencible verano de Liliana, de la mexicana Cristina Rivera Garza. Ahora, deslumbrado todavía por la fuerza de la historia y de la narrativa, escribo sobre Celeste, de la brasileña Maria Benedita Bormann, quien era también conocida como Délia.

La novela que acabo de leer, en formato digital, es la primera traducción al español de Celeste, por parte de Juan Camilo Perdomo, en el marco del Proyecto ganador de la Beca para Proyectos Editoriales Independientes, Emergentes y Comunitarios 2025, por el Programa Distrital de Estímulos (PDE) del Instituto Distrital de las Artes – Idartes. Desde la presentación del trabajo de traer al español lo que fue concebido y escrito en portugués decimonónico, quise leer la novela de esta autora, prácticamente desconocida en el país. El lenguaje, al principio, me pareció un tanto dulzón, con muchas lágrimas de tristeza y de alegría, de emociones encontradas, de logros y frustraciones. Pero todas las lágrimas son válidas. Como en la vida real. El problema es que Celeste, la protagonista, llora y uno se siente tentado a llorar con ella, quien lo hace cuando es humillada por el esposo al que creyó amar pero que víctima de sus celos enfermizos empieza a maltratarla sicológicamente. De ahí da, él, el paso a la violencia física. Y ella responde, ya no con lágrimas: “Jamás te perteneceré viva –gritó con vehemencia, clavando la aguja [de tejer] y cruzándose de brazos provocativamente”. La discusión no diálogo sigue así: “¡Quién sabe! Soy tu marido, ¡tengo derechos sobre ti! –vociferó él, sacudiéndole el brazo y golpeándole brutalmente los hombros y la espalda como ya tantas veces había hecho con sus puños”.

La historia parecía repetirse, no solo en su casa paterna y materna sino en las de todas las vecinas, que compartían la vergüenza de las violencias de alcurnia que creían ocultar, y las violencias ejercidas contra las esclavas, como contra Bá, una negra hermosa que sin chistar, obviamente, estaba obligada a descubrir sus hombros y su espalda toda para que el amo y el ama le propinaran latigazos, por razones como cuando planchó mal una falda. Suficiente excusa que las amas compartían, menos Celeste, quien siendo niña en algunas ocasiones veía y escuchaba las violencias en las voces gritadas y en los ecos de los golpes. Como también las discusiones que terminaban en maltrato del padre a la madre. “Ella era el frágil eslabón que mantenía al padre unido a Cándida, y convencida de esa triste verdad, temía morir y no proteger más a su madre”, dice Maria Benedita Bormann en la novela. Y concluye al describir al padre y a la madre de Celeste como “el hombre en el que predominaba solo el lazo físico y bestial, y la mujer de abyecta sumisión calculada”.  

Al revisar algunas referencias sobre la vida de esta maravillosa escritora, se encuentra que su historia personal está plasmada en Celeste, el personaje de esta, su penúltima novela. Autorreferencia, le llaman a ese recurso.

Podría pensarse que uno de los amantes de Celeste lo fue en la vida real de Maria Benedita Bormann, abandonada por su esposo real para ir a la guerra. No importa cuál guerra, al fin y al cabo la historia de la humanidad es la historia de las batallas y de los actos de heroísmo y de cobardía y del ejercicio del poder masculino.

Separada de su esposo, a Celeste, dice la autora, “No la asustaba el amor que Mario le inspiraba, no solo por la confianza que tenía en su propia voluntad de conservarse digna, sino también por el terror a los arrebatos brutales del marido y las habladurías mundanas, que la tildarían de réproba en cuanto cediese a los impulsos de su corazón”. Y continúa: “Sentía que le faltaba el coraje para enfrentarse a la sociedad, adoptando un aire desdeñoso ante la insultante curiosidad de quienes buscan en el rostro de una mujer los vestigios de sus faltas, como si eso fuera visible”.

Maria Benedita Bormann, la autora, era discriminada. Y bastante, por varias razones. La primera, por ser mujer. La segunda, por tener ancestros africanos, “pecado” imperdonable en una sociedad blanca dominante. No es que haya cambiado mucho eso, ni en Brasil ni en Colombia.

Escritora, periodista, pianista, mezzosoprano, precursora del feminismo latinoamericano, Maria Benedita Bormann reclamó para sí y para todas las mujeres el lugar que les pertenece. Sin discusión. Con ella, otras mujeres estudiaron, alzaron la voz, cantaron, escribieron artículos periodísticos y poemas y cuentos y novelas. Inês Sabino Pinho Maia, también escritora y también brasileña, escribió en el obituario de Délia: “Maria Benedita Bormann, nacida el 25 de noviembre de 1853, falleció el 15 de mayo de 1896… Y nada más […] Su pasado se transformó en ceniza, sin más”.

Pero hoy esas cenizas son leíbles en español, en la novela Celeste, disponible en edición digital en https://elibros.com.co/product/celeste/

Las más destacadas obras de Maria Benedita Bormann son:

  • Magdalena (1881)
  • Aurelia (1883)
  • Uma Vítima (1883)
  • Duas irmas (1884)
  • Lésbia (1890)
  • Celeste (1893)
  • Angelina (1894)

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