“Una buena periodista no pierde de vista que toda
información tiene dos caras”, dice Óscar Godoy Barbosa en la página 53 de su
novela La última versión. No es una afirmación sino un cuestionamiento,
pues el autor es periodista y en el texto consulta todas las versiones, todas
las fuentes e, incluso, les da voz a todas.
Siempre he creído que eso de la objetividad es la
primera mentira de la profesión, pues un periodista humano siente y no puede
negarse a hacerlo. Por ejemplo, frente a un triunfo deportivo, frente a una
medida autoritaria de un gobierno, frente a una obra de arte que le llega al
alma, frente a una violación de los derechos humanos…
Y sobre una violación de los derechos humanos, en este
caso un secuestro, Óscar Godoy Barbosa escribe La última versión, novela
en la que combina su propia experiencia de currinche, esto es, de aprendiz de
periodista y aprendiz de escritor. Con cinco novelas anteriores, y como
profesor de literatura, cualquiera podría afirmar que es ya un consumado escritor.
Pero esa es otra mentira, pues quienes escriben deben tener la humildad ante sí
mismos de aceptar que están aprendiendo en cada palabra que eligen o descartan
en un texto, que pasa de la mente a la mano alzada, al teclado de una máquina
de escribir o de un computador.
Qué pereza creer que ya se sabe. Qué maravilla
tener la altivez para disponerse a aprender cada día. Por eso, Óscar Godoy
Barbosa es, además, docente.
Para volver a la novela, y sin contarla, transcribo
aquí la primera frase: “Un hombre se internó en las montañas para entregar el
dinero del rescate por la mujer que amaba. Nunca regresó”. Eso que en lenguaje
castizo se denomina exordio, en periodismo se llama lead. Valeria Salamanca
es una estudiante de periodismo –otra currinche– a quien le asignan escarbar en
la información del secuestro que tras varios meses de ocurrido ha dejado de ser
noticia. Son tantos los hechos que se los olvida con una facilidad aterradora,
como si las personas pudieran ser olvidadas: “Tu amor es un periódico de ayer /
que nadie más procura ya leer”, escribió y musicalizó Héctor Lavoe. Tal vez
para que aprendiera a investigar –algo que han olvidado los periodistas– o para
“quemarla” profesionalmente, Jota Jota, el editor judicial, le asigna el caso que
Valeria escudriña, como los mejores representantes de la crónica roja de
mediados del siglo XX.
La historia es contada por la currinche, por el
abogado de la empresa en la que trabajaba el hombre que iba a pagar el rescate
y desapareció, por la mamá de él, por la hija de él, por la “Colección de
recuerdos” que ella guarda de su padre, por una testigo que surge a último
momento, para que quienes lean La última versión armen la trama y
resuelvan el misterio.
Ah, los medios de comunicación, tan a medias, con la
información también a medias. La novela no es un juicio, solo muestra lo que es
la cotidianidad.
Dicen quienes saben que si el periodismo no cuenta las
verdades, la literatura tiene la oportunidad –y la obligación– de hacerlo. Son
tantas las personas secuestradas, tantas las que secuestran, tantas historias
para contar… Y para eso, me apoyo en Virginia Woolf, quien dice que “La obra de
imaginación debe atenerse a los hechos y cuando más ciertos los hechos, mejor
la obra de imaginación”. Y eso hizo Óscar Godoy Barbosa con La última
versión, en la que se funden el periodismo y la literatura. Por eso, es
difícil determinar si la primera frase es un exordio o un lead. Que
quienes lean resuelvan el asunto.
El autor
Óscar
Godoy Barbosa. Ibagué (1961). Comunicador social periodista, desde el año 2000 es profesor y tutor de
Creación Literaria en la Universidad Central de Bogotá. Ha publicado los
siguientes libros:
Duelo
de miradas – novela, 2000
El
arreglo – novela, 2008
Once
días de noviembre – novela, 2015
Te
acuerdas del mar – novela, 2021, Premio Ñ-Ciudad de Buenos Aires
Los
aparecidos – novela, 2023
Todo
al revés – cuentos, 2024
La
última versión – novela, 2026


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