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Quijotadas. El universo de la creación literaria

 


Tomo prestado el título de estas líneas, del libro de un amigo.

Rysard Kapuściński decía que para ser periodista hay que ser buena persona. Estoy seguro de que esto aplica también para quienes queremos jugar en serio a ser creadores literarios.

Son muchos los ejemplos de quienes han continuado su camino con la palabra y con la humanidad. La palabra que registra la realidad y la palabra que la recrea. Se me vienen rapidito a la memoria el mismo Kapuściński, Gabriel García Márquez, Marguerite Duras, Ernest Hemingway, Svetlana Alexievich, Albert Camus, José Saramago, Laura Restrepo. La lista es muy larga.

Menciono esto porque con timidez yo empecé mi diálogo con las palabras en el periodismo y también lo hice al escribir hermosos poemas infantiles dedicados a la mamá, que con florecitas coloreadas en tarjetas en cartulina le entregaba a la más orgullosa en el Día de la Madre. La verdad es que todas son las más orgullosas y cada hijo, edípico. Que vengan Freud, Jung y Lacan a analizarme.

El caso es que yo he encarnado al típico colombiano que sin título alguno ejerce cuatro profesiones: médico, abogado, director técnico de fútbol y poeta. Estudié periodismo del que aprendí que con asombro hay que ser riguroso al observar y confrontar la realidad. Todo un currinche, que tardó más de un año en definirse como periodista, aunque publicaba noticias, reportajes y crónicas en un medio regional. Seguí escribiendo poemas y cuentos y, cuando regresé a Bogotá, supe del Taller de Escritores de la Universidad Central, donde me forcé a leer y escribir un montón, a ver si algún día me podía definir a mí mismo como escritor.

Uno pensaría que eso lo deciden quienes leen lo que se publica, pero surge la duda pendeja de si se es o no, dependiendo de si se ha publicado o no. Esa duda la resuelve en otro campo de la creación el grande Vincent Van Gogh, quien nunca dudó de su calidad de maestro de la pintura, pese a que vendió un solo cuadro en su vida. Clarice Lispector, la ucraniana brasileña también lo tenía claro, cuando afirmaba que escribía para sí y que si a alguien le gustaba, obrigada; si no, de malas.

Ayer nos reunimos para celebrar cuarenta y cinco años del Taller de Escritores de la Universidad Central, en el que centenares de currinches, aprendices de periodistas y aprendices de escritores, nos encontramos. El tutor, un huilense soñador y terco como Alonso Quijano, además de ser docente es un gran amigo. Así lo sentimos quienes aquí estamos, quienes tanto hemos aprendido de lo humano y lo social de las letras, quienes compartimos textos propios y ajenos que hacemos nuestros, quienes, estoy seguro, le expresamos nuestra gratitud, que es una forma de manifestar los afectos. Sé que tendrá eco la solicitud de que le demos un abrazo inmenso a Isaías Peña Gutiérrez, el grande amigo que sigue siendo, como nosotros, currinche.


Foto: Tamara Andrea Peña.

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