6 de enero, Día Mundial de los Huérfanos de la guerra
“Bienvenido, Habibi querido”, dijo el padre, por cuyas mejillas empolvadas se deslizaron lágrimas. Con delicadeza puso el cuerpecito del bebé en el pecho de la madre adolorida, quien también lloraba de alegría optimista. De una bolsita sellada que por si acaso le habían dado días antes en el hospital Al Aqsa de Deir Al-Balah, en el centro de Gaza, extrajo unas tijeras con las que cortó el cordón umbilical y con un tira de algodón limpió la herida del niño que no necesitó la palmadita en las nalgas, porque a doscientos metros explotó una bomba que lo asustó y lo obligó a reaccionar y respirar el aire enrarecido por el olor a pólvora.
Esa fue su llegada al mundo. El niño no sabía que había un genocidio del que sus padres todavía sobrevivían. Sin embargo, ya había memoria en su cerebrito, pues durante ocho meses y a través de la piel del vientre materno había escuchado muchas e incontables explosiones, gritos de auxilio, sirenas, palabras de consuelo.
Lo llamaron Hussam, que en árabe significa fuerza, valentía, en honor al médico pediatra secuestrado en la sala de cirugía del Hospital Kamal Adwan, y quien le había dado al padre las indicaciones para asistir a la madre y recibir al bebé.
El niño ha crecido, pese a que nació prematuro y con bajo peso, como la mayoría de los que han venido al mundo desde octubre de 2023, cuando empezó el genocidio en Gaza y en Cisjordania, ambos parte del territorio de Palestina. Según Save the Children, hace un año había en Gaza 55.000 mujeres embarazadas, que tenían altos niveles de anemia y, cuando dieron a luz, sufrieron de hipogalactia, lo cual significa que no producían leche sino agua. Diagnosticadas con esa carencia, sustituyeron la leche materna con agua mezclada con garbanzos molidos o con tahini, una mezcla mediante la cual tratan de aportar grasas saludables, proteínas y minerales. Eso, si acaso encuentran agua, pues la que ha llegado en carrotanques de ayuda humanitaria no puede cruzar la frontera de Egipto, porque el autodenominado ejército de defensa de israel impide el paso o jóvenes colonos destruyen lo que podría salvar vidas.
Las cifras son alarmantes: según Médicos sin Fronteras, “en el caso de los niños menores de cinco años, la mortalidad se ha multiplicado por diez, mientras que entre los bebés menores de un mes, la tasa de mortalidad es seis veces mayor”.
Ese “desprecio por la vida de los niños indica claramente que esta guerra que libra Israel en Gaza es contra todos los palestinos”, afirma Amande Bazerolle, subdirectora de emergencia del hospital Al Aqsa, al sur de la Franja de Gaza.
Las estadísticas hacen que se pierda el carácter humano de cada historia, y por eso le puse nombre a un bebé, Hussam, ya dije lo que esa palabra significa, aunque el niño todavía no lo sepa. Y no tenemos certeza de si sobrevivirá, pues cada día mueren de hambre o destrozados por las bombas, pese a que supuestamente hay un cese al fuego que es irrespetado de manera permanente, debido a que la Organización de las Naciones Unidas, ONU, no sirve para un carajo. Ni tampoco la Organización de Estados Americanos, OEA, que dijo que estudia un pronunciamiento después de que Estados Unidos invadiera Venezuela y secuestrara al presidente Nicolás Maduro.
Con su horrible piel anaranjada, el dictador del imperio del norte anuncia que seguirá su andanada contra México, Colombia, Dinamarca y cuanto país se le dé la gana, porque aunque millones de personas protestan, los gobiernos cómplices de Europa, por ejemplo, no hacen lo que en defensa de la humanidad deberían hacer.
Hussam no sabe nada de política, de geopolítica, de petróleo o de lo que puede ser un resort emplazado en Gaza sobre más de cien mil personas asesinadas por Israel que usa sin contemplaciones las bombas enviadas por Estados Unidos.
Todo lo anterior parece un galimatías, pero no lo es.
Si sobrevive, Hussam tendrá problemas físicos y sicológicos, eso ya lo han advertido varias entidades humanitarias del mundo entero.
Según el Boletín de Noticias de la ONU, citando al Ministerio de Salud de Gaza, “al menos 1.092 pacientes murieron mientras esperaban una evacuación médica entre julio de 2024 y el 28 de noviembre de 2025, una cifra que, según la OMS, podría ser inferior a la real”.
¿Por qué las familias palestinas siguen empeñadas en tener hijos si son conscientes de que las posibilidades de sobrevivencia son mínimas? Precisamente por eso. Una joven madre lo expresa con alegría en un video en Instagram, en medio de la destrucción en lo que algún día volverá a ser Gaza: https://www.instagram.com/reel/DPeG99dDHrv/?igsh=MWhyejAwbXNvYnEwcg==
Su alegría es porque aspira a que otro niño palestino sobreviva. Otra joven mamá decía que su meta era tener al menos siete hijos, incluso a sabiendas de que unos cuatro no alcanzarán a criarse. Pero quedarán tres. Alguno de ellos portará la miftah, como se dice llave en árabe, que se ha convertido en un símbolo desde 1948, cuando el recién creado Israel obligó al desplazamiento a cientos de miles de personas hacia Jordania, El Líbano, Egipto y otros países del mundo árabe, en lo que se conoce como Nakba (catástrofe). Con sus llaves, aspiran a regresar a sus casas o a reconstruirlas. Porque, aunque uno no lo entienda, ellos saben que hay futuro.


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